Las huellas dejadas por un solitario escritor

Publicado: junio 3, 2006 en Periodismo

Juan Rulfo, un solitario hombre y un gran escritor mexicano con palabras que fundaron la narrativa latinoamericana ha sido reconocido por su obra que resiste el paso del tiempo.

Por: Carlos Felipe Vargas


Se han tejido sobre Rulfo muchos perfiles. Se dice que era un ser solitario y silencioso, de personalidad atormentada y desolada que solo respondía monosílabos. Enemigo de las reuniones de escritores y de la prensa pública son algunos aspectos que marcan a Juan Nepomuceno Carlos Pérez Vizcaíno, verdadero nombre del gran escritor y fotógrafo mexicano Juan Rulfo, quien nació en Sayula, Estado de Jalisco, el 16 de mayo de 1917 en una familia acomodada, que perdió todo durante la Revolución.
Jalisco era un Estado aislado, mísero, fanático y violento. A partir de esto su niñez se vio afectada por las luchas religiosas de su país, lo que le llevo unos años después a decir: "Viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha, la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica". En el entorno en el que creció durante su infancia lo formó como un niño retraído al que le gustaba jugar solo. Vivió en la pequeña población de San Gabriel, pero la temprana muerte de su padre, de manera violenta y el fallecimiento de su madre un poco después, obligaron a sus familiares a inscribirlo en un internado en Guadalajara. Durante sus años en San Gabriel, pasaba sus lecturas en la biblioteca de un cura que era básicamente literaria, depositada en la casa familiar.Una huelga en la Universidad de Guadalajara le impide inscribirse en ella y decide trasladarse a la ciudad de México. Rulfo llega por primera vez a la capital en el año de 1935, donde pretendió continuar sus estudios pero le fue imposible. El literato no le tenía agrado a la ciudad, ya que en ella no encontraba su forma de vida, por lo que sus escritos eran sobre los pueblos y las comunidades mexicanas, en la marginalidad y el olvido. Instalado en la ciudad de México, su familia lo incitó a estudiar la carrera de leyes, pero al fallar en los exámenes se dedicó a trabajar. Como agente viajero descubrió grandes experiencias en los pueblos, vivencias y tradiciones que se reflejan notablemente en sus escritos.

Su vida solitaria, y el ser poco amigo del trato con las gentes, lo consideraba como falta de tiempo, ya que explica que ‘lo que pasa es que yo trabajo y no tengo tiempo para hacer vida social. Voy de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa’.

Aparte de su trabajo llevaba una vida muy ‘bohemia’. Se pasaba las noches tomando café y se dormía en horas de la madrugada después de leer a Goethe, Cervantes y Tolstoi con un toque de música clásica sobre el aire de su entorno. Así es como Rulfo se transformo en escritor y como el lo dice: ‘No fue una formación formal, sino más bien arbitraria, si se quiere, basada en lecturas no sistemáticas sino de cuanta cosa me caía en las manos. Por lo tanto no hubo una disciplina formal’ y como lo refleja el escritor, más bien buscaba algo que le gustara, que tuviera aspectos humanos coincidentes.

 Juan Rulfo empezó a ser conocido y a sonar en los grandes campos de la literatura como escritor, ya que escribía en las principales publicaciones del país y al a vez trabajaba en el Instituto Nacional Indigenista, en el que colaboro en los libros de Antropología social.

La desolación, el dolor y su estrecho vínculo con la soledad, marcaron su vida y por lo tanto la esencia de su obra. En el transcurso de su existencia, varios de sus tíos murieron en circunstancias trágicas, y esto ha hecho que el elemento fundamental de sus relatos sea la muerte, aunque se refiera pocas veces a ella, en sus historias la muerte es el ambiente en el que viven los personajes, quienes se sumergen en la agonía de su existencia con esperanzas frágiles.

Entre sus obras, se destaca Llano en Llamas, que se público en 1952, gracias a dos becas consecutivas que le otorgo el Centro Mexicano de Escritores. En Llano en Llamas, Rulfo reúne siete cuentos ya publicados en revistas e incorpora otros nuevos. La devastación humana y geográfica caracteriza en primer plano un Cuento de esta obra, que describe el horroroso pueblo de Luvina.

Su obra cumbre, Pedro Páramo, escrita  en 1955, la cual Rulfo describe como: ‘una obra donde los personajes están muertos y los muertos no ocupan lugar en el espacio, ni en el tiempo. Quizás ni en la misma conciencia’. Pedro Páramo tuvo una mala recepción sus primeros diez años, por no ser un escrito explicito y ser una novela que esta fragmentada en pedazos temporales distintos, como lo decía el escritor y profesor de la Universidad del Cauca Felipe García: ‘la novela son pedazos temporales distintos, donde uno no entiende porque habla un personaje aquí y después habla otro acá, por eso pienso que la secuencia lógica y lineal del tiempo no la respeta Rulfo’.  

Cuando Rulfo redacto Pedro Páramo, gracias a un auspicio estatal como becario de un programa de escritores, él tuvo contertulias un escritor intelectual mexicano: a Juan José Arreola del Estado de Jalisco, quien da testimonio de los momentos que pasaba con Rulfo, cuando este le leía apartes de su novela, ya que era un taller literario donde cada uno llevaba avances de obras en preparación. Arreola se mostraba desconcertado, ya que las historias de Rulfo no las entendía. Luego Arreola y otros escritores fueron los encargados de reivindicar la novela de Pedro Páramo como un pilar fundamental de la narrativa latinoamericana, la cual después fue llevada al cine en 1967.

Asimismo Gabriel García Márquez escribió, al recordar su primera lectura de la novela: ‘‘Aquella noche que leí Pedro Páramo, no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá  -casi diez años atrás- había sufrido una conmoción semejante’’.

Rulfo también se desempeño como fotógrafo, una profesión que lo apasionaba por sus vivencias rurales. Su trabajo fotográfico lo dio a conocer en 1980, por medio de una colección de fotografías, que abrió al público. Desde entonces el interés por el fotógrafo Juan Rulfo no ha acabado de incrementarse y con él las exposiciones y los libros dedicados a sus imágenes. Juan Rulfo dejó un legado fotográfico de aproximadamente seis mil negativos.

En sus cuentos, la vida es un caminar fatigoso, un triste pasado que de alguna manera elimina el futuro. La violencia, la muerte, la soledad, la culpa, el fatalismo son sus temas más presentes, valiéndose de ellos para sus grandes creaciones, creando el entorno negativo de los principales aspectos de la vida rural mexicana, llena de miserias con una mezcla de mitos, obsesiones y fantasmas. Finalmente Rulfo se refiere a su obra como "una transposición de los hechos de mi conciencia". Juan Rulfo falleció en la ciudad de México el 7 de enero de 1986. Su escritura dejo huellas en las palabras latinoamericanas, donde las nuevas generaciones de escritores y lectores siguen sus pasos a través de las páginas de sus obras cumbres historicas.

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