El deporte más popular.

Publicado: junio 16, 2006 en Periodismo

                                                        El teatro de los ciegos

Por: Juan Pablo Ramírez

La juventud payanesa es el futuro de la ciudad. Es sana, vigorosa y rebelde, sobretodo los viernes por la tarde cuando la última clase se va difuminando entre el murmullo que crece de “cuánto hay…”. Y la pregunta se formula fuerte y clara en el momento de encaminarse, con todo y maletín lleno de libros, hacia alguno de los escenarios deportivos más concurridos de la ciudad blanca.

Los jóvenes payaneses disfrutan con la práctica de un deporte que, no teniendo carácter olímpico, los convierte en inmejorables superhéroes urbanos de su generación. Ese deporte no podía ser otro que el antiguo y famosísimo “Empinamiento de codo y lanzamiento de colilla”, disciplina practicada desde antaño por aquellos que engendraron a los padres de quienes hoy la practican. Como todo deporte, viene reglamentado en cuanto a usos y participantes, así como también en lo que respecta a escenarios.

Las reglas son simples:

1) Es necesaria una dosis de entusiasmo, felicidad, tristeza, rabia o melancolía (cualquier motivo es bueno)2) Si se practica en solitario, no debe olvidarse el riesgo de atraco o amaneceres enlagunados.

3) La cuota por partido es muy económica. Si algún jugador no tiene dinero, entonces la solidaridad de sus compañeros se hace presente.

4) Se nombrará comisión de máximo tres (3) integrantes para reunir los fondos y comprar los artículos que serán pactados por unanimidad (la mitad más uno de los asistentes)

5) Se jugará con cerveza nacional (Poker o Brava), pero dependiendo del “marrano”, es posible la inclusión de aguardientes de todas las regiones o bebidas imitación vino (guarapo a veces).

6) Por ningún motivo, las colillas lanzadas se apagarán antes ser fumadas por lo menos a la mitad. Para los que no fuman se recomiendan altas dosis de paciencia.

7) Es posible prescindir de la música, pero solo al aire libre.

8) Bajo techo, deben observarse las reglas del local en cuestión.

9) Se conforma un solo equipo de hasta cuarenta jugadores. Gana el último en caer, o sea, el que se demora más en vomitar y pedir camita a gritos inentendibles. Este será el héroe de la jornada y ganará el respeto de los demás.

10) No existe la figura del “conductor designado”. Es muy poco probable que alguno de los participantes tenga carro.

11) La indumentaria consta de: pantalón sucio en la cola de tanto sentarse en el piso, camiseta de colores variados y un saquito pa’l frío. Además debe portarse el maletín o mochila de rigor.

Y en cuanto a escenarios, las limitaciones obligan dependiendo del caso, al aire libre o a los locales baratos.

En el primer aspecto es común toparse con multitudes de aficionados al empinamiento de codo en sitios como el parque “eléctrico”, el “pueblito patojo” y la plazoleta de San Francisco. Por lo mismo es usual toparse con la patrulla de la policía cada vez que el escándalo no deja dormir a los impávidos vecinos.

Ya por el lado de los locales, quienes poseen un espíritu un poco más bohemio y de añoranza prefieren jugar en el Sotareño, pero como en estos días no tiene techo a causa del incendio del restaurante vecino, los encuentros se trasladan a “La Alambra”, que atiende desde temprano.

De todos modos, espacios para hacer el deporte más popular entre los jóvenes payaneses sobran: desde la sala de una casa hasta el potrero que hay bajando por el morro. Lo feo del asunto es que no existe una normatividad refrendada en Coldeportes, por lo que quienes practican el empinamiento de codo y el lanzamiento de colilla están expuestos a sufrir y ocasionar los peligros nocturnos que van desde pescar un resfriado, hasta enamorar inconcientemente a cualquier extraño. Y este es el peligro mayor, porque amar por deporte es tan peligroso como lanzar colillas a los transeúntes.

Por eso desde aquí se alzan voces que claman por el mejoramiento de las condiciones en que se practica este ancestral deporte. Se recoge la inquietud de pedir protección gubernamental en cuanto a recursos e instalaciones y se solicita, muy respetuosamente, al Congreso de la República, tenga a bien considerar un proyecto de ley que abarate los costos de la cerveza.

Ojala que los hígados sepan resistir y perdonarnos.

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comentarios
  1. hermos,hermoso, si asi es tu texto me encantari conocerte, Mateo

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