Venezuela, un proceso electoral incierto

Publicado: junio 19, 2006 en Periodismo

                      

ANDRES OPPENHEIMER

Las posibilidades de un proceso electoral justo en Venezuela parecen cada vez más remotas: los líderes de la oposición amenazan con retirarse a menos de que el presidente Hugo Chávez otorgue mínimas garantías de una contienda equitativa, y hasta los observadores internacionales que monitorearon elecciones pasadas están dudando si participar esta vez.

¿Debería la oposición venezolana boicotear la elección del 3 de diciembre, y permitir que Chávez se proclame ganador por abandono? ¿O deberá participar, aunque probablemente pierda, y aprovechar la ocasión para reorganizarse?

Antes de que les diga mi propia opinión (y proponga una idea confesamente extravagante), veamos rápidamente cómo están las cosas.

Hay un gran escepticismo sobre el proceso electoral, entre otras cosas porque la oposición ha encontrado datos sospechosos en el registro electoral que se usó en el referéndum revocatorio del 2004. Uno de estos estudios encontró nada menos que 1,921 personas de apellido González en el registro electoral del estado de Zulia, algo que no tendría nada de raro si no fuera por el hecho de que todos estos González nacieron el 15 de marzo de 1974, y todos se registraron para votar el mismo día, poco antes del referéndum.

A pesar de que Chávez ordenó una renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE) y hubo una auditoría que no encontró anomalías extraordinarias en el padrón, los líderes opositores dicen que el proceso electoral sigue totalmente sesgado a favor de Chávez.

Cuatro de los cinco integrantes del nuevo CNE son chavistas, dicen, y fueron electos por el Congreso venezolano, que es totalmente chavista. El CNE todavía no se ha expedido sobre las principales demandas de la oposición: que haya otra auditoría externa del padrón electoral, un recuento manual de los recibos de las máquinas de votación, la eliminación de las máquinas que toman huellas digitales de los votantes –que podrían intimidar a muchos opositores– y que la oposición tenga pleno acceso a los medios.

Chávez ha amenazado que si la oposición boicotea la elecciones, tal como lo hizo en la elección legislativa de diciembre pasado, convocará a un referéndum para enmendar la Constitución y permitirle una nueva reelección en el 2012.

Algunos analistas políticos sospechan que Chávez, aunque diga públicamente lo contrario, quiere que la oposición se quede en su casa el día de la votación. Los candidatos opositores dicen que quieren participar, al menos por ahora.

''Somos un país curioso: estamos repensando las reglas de juego en la mitad del partido'', me dijo el candidato opositor Teodoro Petkoff el miércoles, haciendo una analogía futbolística. “Si no hay reglas de juego, tendremos que repensar nuestra postura [de participar]''.

Pocas horas antes, entrevisté a Jennifer McCoy, la directora para América Latina del Carter Center. Me interesaba sobre todo su opinión, porque McCoy fue la observadora internacional clave que le dio su visto bueno a la controversial victoria de Chávez en el referéndum del 2004.

McCoy culpó a los dos lados de no estar haciendo un mayor esfuerzo para restablecer la confianza en el proceso electoral. Entre otra cosas, se manifestó preocupada por el hecho de que los candidatos se deben registrar entre el 5 y el 23 de agosto, y el CNE aún no se ha definido sobre las demandas opositoras.

''Estamos preocupados porque el tiempo se está agotando'', me dijo McCoy. “Al CNE apenas le quedan dos meses antes de que expire el plazo de inscripción de los candidatos, y a nuestro modo de ver, lo más justo sería que se den a conocer las reglas de juego antes de que los candidatos se inscriban''.

¿Observará el Centro Carter las elecciones? ''No estamos seguros todavía. El CNE todavía no ha invitado a observadores electorales. Si recibimos una invitación, evaluaremos las condiciones'', respondió McCoy.

Mi opinión: la oposición debería participar de las elecciones, sea como sea. Si las reglas de juego están totalmente sesgadas a favor de Chávez, la oposición debería aprovechar el momento para obtener una victoria propagandística, y para empezar a recomponer sus fuerzas luego del desastre de diciembre pasado.

Por ejemplo, los líderes opositores podrían pedir a sus seguidores que vayan a votar con las manos atadas. Una foto vale mil palabras: incluso si Chávez se adjudicara una victoria abrumadora, la fotografía de miles de votantes con las manos atadas saldría al día siguiente en los periódicos de todo el mundo y centraría la atención internacional en el proceso electoral injusto.

Ir con las manos atadas sería mucho mejor que retirarse de la contienda, permitir que Chávez se reelija sin oposición, y perder lo que podría ser la última oportunidad en muchos años para reconstruir la oposición democrática.

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